Devastación de una raza. Parte 10:
La solución a los terribles acontecimientos que se avecinan
Si queremos frenar todos estos terribles acontecimientos que nos acechan, se necesita del esfuerzo extraordinario de la gran mayoría de la humanidad, el cual debe empezar por el trabajo interior de cada individuo, porque de lo contrario marchamos a pasos acelerados hacia nuestra propia destrucción. Por tal motivo no sobra hacer nuevamente aclaraciones al respecto, no importa que existan palabras o frases repetitivas, puesto que ellas reafirman la veracidad de todo lo expuesto en anteriores escritos, es necesario hacerlo ya que los seres terrenales, los habitantes de este globo, somos intocables, envanecidos, jactanciosos, obstinados…,
Contenido de la serie de artículos «Devastación de una Raza»
Parte 1: La escabrosa degradación sexual que nos rodea.
Parte 2: El valor de la palabra entre caballeros del pasado.
Parte 3: La esclavitud tecnológica y la siniestra planificación de la pandemia
Parte 4: Impunidad y falsa paz, la decadencia espiritual y las creencias erradas de la modernidad.
Parte 5: Destruimos al planeta condenándonos a nosotros mismos.
Parte 6: La inevitable catástrofe final, la pandemia y el inicio de la tercera y última confrontación mundial.
Parte 7: Los falsos dirigentes, guías y líderes espirituales de este triste mundo.
Parte 8: Cosechando lo que sembramos.
Parte 9: El cambio interior.
Parte 10: La solución a los terribles acontecimientos que se avecinan.
la prepotencia no nos permite aceptar una verdad, una observación positiva, objetiva, porque tronamos, rugimos y enfilamos baterías en contra de aquel “miserable” que se atreve a cometer el detonante y demoledor error de tocarnos, de desgarrarnos el amor propio, de lesionarnos con la sinceridad, ya que nos idolatramos, nos veneramos demasiado, etc., y esto es lo que no nos permite llegar a descubrirnos, a sentir o percibir esa piara o rebaño de carroñeros monstruos, de aves de rapiña que se revuelcan incansablemente en nuestro territorio secreto, activando la mente y el cuerpo físico, para que pensemos y actuemos de acuerdo a sus mezquinas y rastreras intenciones o actitudes perversas.
Lamentablemente, el mundo actual se mueve al vaivén de los guías de la seducción, de las sombras, y debido a esa pobreza, a esa carencia de valores espirituales, respondemos a estos fatídicos, funestos y ocultos llamados de los esbirros o asesinos de la consciencia, haciéndonos realizar actos crueles, indeseables, impúdicos, lascivos, repudiables…, claro está que existen seres de este nivel, de esta categoría, que están aferrados, que permanecen fieles, reverenciando estas abominables abyecciones, que cargan en ese laberinto, en esa caverna interior, guarida de esas incontables, envilecidas y descarriantes alimañas que corroen sus entrañas, aniquilando, destruyendo sus pocos valores espirituales, y haciendo de ellos personajes que a su vez eliminan,
deshonran, escarnecen a sus semejantes, impulsados por estas terribles fuerzas siniestras, las cuales no permiten discernir, comprender, y recibir un conocimiento objetivo, real, porque estos raponeros o ladrones de la consciencia, nos impiden explorar, investigar, nos llevan de cabestro, sumidos en la espantosa pandemia de la ignorancia. Me refiero-repito-a estos reptiles o endriagos, profanadores del fulgente recinto inmaculado, residencia de nuestro Ser, intentando mutilar algo indestructible, invulnerable, como lo es el Espíritu Divino, e impidiéndonos ver sus manifestaciones. Es el demoledor “Ego”, esa amalgama o mezcla de múltiples “Yoes” o aberrantes errores, desatinos, abyecciones, el causante de todas nuestras desdichas, desventuras, tribulaciones…
Parecería como si el inmenso mar hubiera ascendido de nivel y se desbordará en forma incontenible con el caudaloso exceso de lágrimas derramadas por tantas viudas, niños, padres, madres, familias enteras…, por causa de las horrendas masacres, violaciones, torturas, secuestros, descuartizamientos, despojos, incineraciones, destrucción de hogares, desolación en los campos, hambre, traumas psicológicos de por vida…, generado todo esto por los sediciosos glorificadores de las censurables abominaciones, asesinos, despiadados sin alma, aquellos serviles que dominados por el “Ego”,
tomaron el tenebroso rumbo del mal, el sendero escabroso del abismo; ese es el rango de estos ruines humanoides y feroces sanguinarios, que no solo han llenado la tierra de sangre y pobreza, sino de corazones atormentados, destrozados, navegando en la tristeza. Y todo esto por culpa de las espantosas y devastadoras víboras del fatídico tártaro, las cuales llevamos en lo profundo del inconsciente, manipulándonos en informa implacable y brutal.
Vemos que es así como nos conduce y nos hace actuar el exterminador “Ego”, esa piara o manada de deformidades, imperfecciones internas; hagamos una comparación: un actor de novelas o de cine que está representando el papel de un cura muy generoso, muy humano, vela por los enfermos, les suministra alimentos, da limosna a los pobres…, entonces los espectadores lo admiran y comentan: “qué párroco tan generoso, tan servicial, tan humano, es un santo”…, este mismo actor ahora encarna a un vil asesino, cruel, violador, sanguinario…, los concurrentes a este espectáculo dicen: “ese desgraciado, miserable, desalmado, ese asqueroso…,
merece ser fusilado o condenado a cadena perpetua”…, ahora este mismo intérprete pasa a personificar el papel de un pordiosero que va errante por las calles, mendigando un pedazo de pan o un vaso de agua, y todo se le niega; después un energúmeno le propina un puntapié, otro le lanza agua, le arroja guijarros…, los asistentes a esta representación rumorean: “qué humanidad tan perversa, que indolencia, que miserables, cómo tratan al pobre indigente”…, este mismo intérprete, representa el papel o libreto de Jesús el Cristo en su pasión, donde los sufrimientos de este mártir son inenarrables, indescriptibles, los espectadores viendo los tropiezos y caídas, los latigazos, la sangre derramada, los oprobios, las burlas de los ignorantes, los escarnios al inmolado, entonces lloran, gritan, oran claman justicia, maldicen a los despiadados agresores…
Con lo anterior quiero evidenciarles, demostrarles en forma concreta, contundente, cómo estos monstruos interiores nos manipulan psicológica, y físicamente, cómo operan en nuestra parte interior estos carniceros depredadores de la consciencia, cómo encarrilan o manipulan nuestro cuerpo físico de acuerdo a las emociones generadas por todas esas imágenes, representaciones o acciones que recibimos del mundo exterior a través de los cinco sentidos, por ejemplo: sí se me hace ver o notar algún error cometido,
me siento herido y ahí aflora el señor o la señora “Ira” de mi parte oculta psicológica, y entonces refutó con ferocidad, con terrible violencia; si alguien me humilla, me ofende, hacen su aparición en mí los jefes del amor propio, de la petulancia, la altanería, la presunción…, sí me acerco a un lugar en donde hay abundante comida exquisita, muy apetitosa…, ahí hace su aparición o se manifiesta el señor o la señora matrona de la “Gula” y me ordena consumir todo aquello que más pueda; si aparece de repente una dama con cuerpo escultural, con movimientos muy excitantes, con una mirada seductora…,
entonces se hace ver la arrolladora e impulsiva “Lujuria”; cierta mujer ve que su vecina tiene un esposo adinerado, que le complace sus caprichos, le compra joyas, la lleva de viaje por el mundo…, ahí hace su aparición la fatídica víbora de la “Envidia”, entonces esta dama comienza a murmurar, a desollar viva a su vecina. Así sucesivamente podemos afirmar con certeza, que nosotros somos el alojamiento o guarida de infinidad de estos viles destructores, que nos impiden la emancipación, la liberación a todos aquellos que queremos trascender y evolucionar.
Nuestros defectos, o desatinos al ser de carácter energético, psicológico, no se ven físicamente, pero sí percibimos sus manifestaciones en la mente, las emociones, y en nuestra parte motriz, instintiva, sexual, en donde producen sus fatales efectos. Haciendo una comparación, podemos decir por ejemplo que a Dios como imagen o efigie no lo vemos, pero eso no significa que no exista, ya que podemos sentirlo, percibirlo como algo muy íntimo dentro de nosotros y ver sus manifestaciones. La realidad es que el 95% de la humanidad no acepta la existencia de estos seres infernales, dantescos, como entidades ladronas o succionadoras de nuestra energía, porque no las ven físicamente, pero si creen por ejemplo, en la existencia de Dios, y sin embargo a Él, tampoco lo han visto.
Realmente no me atrevo a rebatir las ideas ajenas, sus opiniones o sus doctrinas, las respeto profundamente, pero sí debemos reflexionar inteligentemente y comprender que las creencias no salvan a nadie, lo único que nos desamarra y libera son los hechos, y los hechos en este aspecto son: acabar, extinguir, exterminar toda esa basura o escoria que cargamos dentro, ese hato o manada de monstruos del error, la ignominia, las transgresiones…, y para esto debemos ser abiertos de mente y corazón, luchadores, decididos, férreos, valientes, para poder extirpar estos censurables seres siniestros de nuestra parte interior y poder llegar a abrillantar ese recinto, esa residencia en donde habita aquello que no es del tiempo, que no ha sido creado, esa chispa incandescente, rutilante, que no se puede manipular y que no es visible.
A pesar de nuestro excesivo escepticismo, de incredulidad, ahí está presente, y aunque esta residencia se encuentre contaminada, empañada, llena de sombras, allí ha habitado, habita y habitará, mientras vivamos. Sin embargo existen individuos irredentos, perjudiciales, depravados, sanguinarios, crueles asesinos, violadores, sádicos sexuales, torturadores…, que ya no tienen absolución, no se vislumbra en ellos ninguna esperanza, como dijera un Gran Maestro: “son casas vacías”, realmente son residencias sin su propietario original, que se han convertido en guarida de las fuerzas del mal, de la mano siniestra, que están en boga en forma fatal.
Este mundo ha desbordado su perfidia y reina el caos esculpido por mentes cavernícolas, por eso es indestructible demencia de la mayoría de humanoides que sólo vinieron a esta linda esfera a sembrar el pánico, el dolor, la crueldad creada por todas las bajezas, la repugnantes vilezas del odio, la venganza, la envidia, las violaciones, asesinatos, suicidios, y toda esa gama interminable de inmundicias, las cuales nos muestran hasta la saciedad que la fatídica malignidad, la cual llegó hasta el infinito, nos está manifestando el estado tan devastador, tan deplorable en que nos encontramos los habitantes de este violado planeta.
Contenido de la serie de artículos «Devastación de una Raza»
Parte 1: La escabrosa degradación sexual que nos rodea.
Parte 2: El valor de la palabra entre caballeros del pasado.
Parte 3: La esclavitud tecnológica y la siniestra planificación de la pandemia
Parte 4: Impunidad y falsa paz, la decadencia espiritual y las creencias erradas de la modernidad.
Parte 5: Destruimos al planeta condenándonos a nosotros mismos.
Parte 6: La inevitable catástrofe final, la pandemia y el inicio de la tercera y última confrontación mundial.
Parte 7: Los falsos dirigentes, guías y líderes espirituales de este triste mundo.
Parte 8: Cosechando lo que sembramos.
Parte 9: El cambio interior.
Parte 10: La solución a los terribles acontecimientos que se avecinan.
Psicología Regenerativa, Integral, Revolucionaria. La revolución de la Consciencia. Filosofía de vida. Laureano Rodríguez Morales. 3-3-2021
Bibliográfia.
2018. Psicología Regenerativa Integral y Revolucionaria La Revolución de la Consciencia Filosofia de Vida. © Laureano Rodriguez Morales. https://www.psicologiaregenerativa.com/libros/
Imagenes:
https://www.pexels.com/es-es/foto/oscuro-ojos-cara-retrato-5427552/
