Para que dé un momento a otro, bien sea el hombre o la mujer en un instante de debilidad, de lujuria se identifique con la parte opuesta y… listo, llegó lo inesperado, el triste y amargo final de una maravillosa y hermosa relación, qué tristeza, qué agonía, por entregarse en brazos de alguien que no le va a servir para nada y a quien únicamente le interesa por ejemplo, su dinero o satisfacer un impulso de desesperante lujuria por darle goce un minuto a esa parte negativa, a esa bestia que se lleva dentro, como dice o reza una célebre frase:»Vender el derecho a la progenitura por un plato de lentejas».











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